lunes, 2 de enero de 2017

BIOIMPRESIÓN 3D CONTRA LA ARTRITIS



Juan Antonio Marchal, investigador principal del Instituto de Investigación Biosanitaria de la Universidad de Granada, en colaboración con la empresa Regemat3D ha desarrollado un método para imprimir en 3D de forma paralela células y un polímero biocompatible y biodegradable en el que alojarlas para construir tejidos sanos.
El foco del proyecto se ha puesto, de momento, en la regeneración de lesiones producidas en la osteoartritis.       
        


           
Los tratamientos para lesiones de artritis de rodilla cuestan unos 4.700 millones de euros anuales solo en España. 
Tanto las personas mayores como los deportistas de elite tiene alguna lesión de este tipo, y en casi todos los casos se acaba colocando una prótesis de titanio, que es carísima” por tanto este tipo población son susceptibles de necesitar la aplicación desarrollada por  Marchal. 




Contiene condrocitos (células del cartílago) o células madre, que se sostienen en alginato, un derivado de la alga y que es biocompatible y biodegradable que contiene las células”, ilustra el profesor Marchal.
Esta biotinta se imprime de forma simultánea a unos polímeros especiales, también desarrollados por su equipo, que configuran una especie de malla a medida: la estructura en 3D en la que colocar las células.
Antes de poner en marcha el proceso hará falta hacer un cultivo celular con muestras del paciente.
Pero este innovador método está todavía en fase de prueba animal, aunque arrojando resultados muy prometedores.





El equipo que esta liderado por Juan Antonio Marchal empezó su investigación buscando nuevos métodos para aislar y cultivar las células de los cartílagos. 
Aunque lo siguiente fue trabajar con polímeros
biocompatibles (que puedan alojar células) y biodegradables.
Su equipo ha investigado más de 400 y todavía sigue en busca de alguno que mejore las
prestaciones de los que se han probado hasta la fecha. Ahora mismo se está realizando estudios de nuevos polímeros, el  policaprolactona (PLC) es uno de ellos. 
De cara a la comercialización final, lo más difícil de todo, al utilizar células, es la fase regulatoria, la única terapia probada hasta ahora es la basada en los condrocitos, las células del cartílago.


Lo malo de ese método, explica el investigador Marchal, es que una vez se aíslan los condrocitos el tiempo máximo de espera para implantarlo al paciente sin que pierda sus propiedades son 3 semanas.
Pero se ha demostrado que utilizando la bioimpresión se puede llegar a las cinco semanas, integrando en el paciente el tejido ya  formado.
El equipo de Marchal se ha ocupado de la parte biológica de la investigación, mientras que la firma Regemat3D se está encargando del software y de adaptar las impresoras a esta novedosa aplicación.
El futuro de esta iniciativa depende de que se consigan nuevos fondos para proseguir el desarrollo, algo que, a la luz de los resultados, no dudan en obtener.
Esto se emplearía tras hacer una resonancia 3D y comprobar el alcance de la lesión, y después de esa monitorización, se procedería a hacer una bioimpresión, cultivarla y colocarla.   









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